Qué debe figurar en la placa identificativa del perro… y qué es mejor que no
Antes de grabarla, siempre surge la misma pregunta: ¿qué información incluyo en ella? El instinto es comprensible: cuanta más información contenga la placa, más fácil le resultará la tarea a quien la encuentre. Sin embargo, esto también se aplica a la inversa: todo lo que figure en la placa podrá ser leído por cualquiera que se acerque lo suficiente al animal. Incluso alguien que ni siquiera lo haya encontrado.
Este artículo repasa los datos habituales, explica qué aporta realmente cada uno y qué revela, y muestra la solución a este dilema.
Los cuatro datos habituales, analizados uno por uno
- El nombre del animal. Prácticamente inofensivo y realmente útil: un perro al que se llama por su nombre tiende a detenerse. La única objeción es un viejo tema de discusión entre los propietarios de perros: con el nombre es más fácil atraer a un animal. Sin embargo, en la gran mayoría de las situaciones, las ventajas prevalecen.
- Tu número de teléfono. La forma más rápida de contacto que existe. Y, al mismo tiempo, el dato que pones de forma permanente en manos de un desconocido. Un número de móvil suele llevar directamente al nombre y, a veces, a la dirección mediante una búsqueda inversa. La mayoría de las personas que leen un número en el collar llaman por teléfono y devuelven al animal. La cuestión es si también quieres que eso ocurra con todos los demás.
- Tu dirección. Aquí es donde la cosa se pone incómoda. Una dirección en el collar significa que quien vea al perro sabrá dónde vives y, a menudo, también que no hay nadie en casa en ese momento, ya que estás fuera. Esta es la información que más desaconsejaría.
- El número del microchip. Parece la solución más segura, pero no sirve de nada para quien lo encuentre. Solo quien tenga acceso a un registro de mascotas puede consultar un número de quince dígitos —es decir, el veterinario, la protectora de animales o las autoridades—. El vecino que se encuentre con tu perro en la calle a las 22:00 no sabe qué hacer con esa información.
El microchip y la placa resuelven problemas distintos
La identificación mediante microchip es obligatoria en muchos países y, en casi todas partes, es un requisito imprescindible para viajar con la mascota. Cada país regula por sí mismo cómo se lleva a cabo exactamente el registro y qué registro es el competente. Puedes obtener esta información en tu veterinario o en la oficina competente de tu localidad. Ninguna placa sustituye al microchip, y este artículo tampoco desaconseja su uso a nadie.
Pero el chip está pensado para otro caso: entra en acción una vez que el animal ha llegado a un centro especializado. No ayuda en la hora anterior —y precisamente esa hora suele ser decisiva—. Un perro que está en el salón de la persona que lo ha encontrado volverá más rápido que uno que primero tenga que pasar por la protectora y sus horarios de apertura.
Así pues, el chip y la placa resuelven problemas sucesivos. La placa permite una devolución rápida, mientras que el chip constituye la red que lo respalda.
La solución: estar localizable sin ser legible
Existe una tercera opción que resuelve el dilema: en la placa se incluye un código QR en lugar de tus datos.
La persona que lo encuentra lo escanea con el móvil —sin necesidad de aplicación ni cuenta— y accede a una página que muestra exactamente la información que hayas establecido previamente. Se puede elegir entre mostrar directamente tu número o mostrar solo un breve formulario. La persona que lo encuentra escribe dónde ha encontrado al animal y, si lo desea, indica su ubicación. Tú recibes el mensaje junto con el lugar del hallazgo. Ella nunca ve tu número ni tu dirección.
La diferencia con respecto al número grabado no es la rapidez —ambos conducen a una llamada—. La diferencia es que puedes cambiar el canal en cualquier momento. ¿Un nuevo número? ¿Estás de vacaciones y hay otra persona de contacto? Cambias el destino, pero la placa del collar sigue siendo la misma.
Un efecto secundario que cobra especial importancia cuando se viaja es que un código QR no conoce fronteras. Quien encuentre a tu mascota en el extranjero accederá a la misma página que tu vecino aquí, sin prefijo y sin tener que preguntarse qué registro es el competente en ese país.
Los perros y los gatos son casos diferentes
En el caso de los perros, la persona que los encuentra es casi siempre alguien que actúa de forma activa. Sujeta al animal, busca algo legible y llama por teléfono. En este caso, lo importante es que la información funcione de inmediato y sin rodeos.
En el caso de los gatos es diferente. Los gatos que salen al aire libre rara vez son «encontrados»: aparecen en algún sitio y se les da de comer durante semanas, ya que no está claro si pertenecen a alguien. Un código visible en el collar responde precisamente a esta pregunta: este animal tiene dueño. Es importante que el collar sea de seguridad con punto de rotura, ya que un collar que no se abre al quedar enganchado supone un riesgo real.
Lo que realmente importa en la primera hora
Cuando un animal se pierde, lo decisivo no es la tecnología, sino lo fácil que se lo pongas a quien lo encuentre:
- Una indicación que funcione de inmediato es fundamental. Quien tenga que buscar primero o encontrar un registro, es más probable que ni siquiera llame.
- Una indicación de que el animal está perdido. No todo el mundo reconoce a un perro que se ha escapado como tal. Si detrás del código hay una página en la que puedas indicarlo brevemente, la situación queda clara de inmediato.
- No hay obligación de acudir a la protectora de animales. Muchas personas que encuentran al animal simplemente no tienen tiempo para ello… y acaban por rendirse.
Preguntas frecuentes
¿Sustituye el código QR al microchip?
No, y tampoco es esa su finalidad. Allí donde el microchip sea obligatorio, seguirá siéndolo y, en caso de emergencia, establecerá el contacto con un centro especializado. El código cubre el tiempo previo a ello.
¿Qué ocurre si la persona que lo encuentra no tiene un smartphone?
En ese caso, se utiliza toda la información que ya figura en la placa, es decir, el nombre del animal y, si procede, tu número de teléfono. El código es una opción adicional, pero no la única.
¿Funciona en el extranjero?
Sí. Un código QR no está vinculado a ninguna frontera ni a ningún registro nacional: la página a la que remite se abre igual en cualquier lugar. Para viajes largos, además, se puede introducir una dirección de vacaciones temporal, que desaparecerá una vez pasada la fecha.
¿En qué idioma verá la página quien encuentre al animal?
En QRown, en su propio idioma. La página intermedia se adapta al idioma del dispositivo. Así, quien encuentre a tu mascota durante un viaje no tendrá que adivinar lo que pone allí.
¿Aguanta bien una placa de este tipo en el día a día?
Eso depende del material, no del código. Las placas grabadas o selladas con resina sintética resisten la lluvia y el barro; en cambio, un código de papel pegado al collar no lo hace.
¿Tiene algún coste?
Se puede crear un código QR para este fin con una cuenta gratuita en QRown. Solo se aplican costes cuando se necesitan más de dos códigos de este tipo, por ejemplo, para varios animales.
En resumen
Se puede incluir el nombre del animal. Es mejor no poner la dirección. En cuanto al número de teléfono, debes valorar si quieres mostrárselo a cualquiera que se acerque al animal.
Un código QR te ahorra tener que sopesarlo. Seguirás estando localizable de inmediato, sin que aparezca nada sobre ti en el collar.
Si de todos modos estás pensando en marcar también maletas, llaves o la bicicleta: hay un artículo específico sobre los objetos perdidos y cómo recuperarlos.
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